Feminism

En una de las salidas a la librería me topé con algunos descuentos en varios títulos que me llamaban mucho la atención; hice una pila de ocho libros que desearía adquirir, para luego seleccionar solo los cuatro que estarían en mi librero. Esta decisión de elegir cuál libro merece más la pena que el otro, siempre me resulta complicado. Si no fuera porque hay que pagarlos, me llevaría los ocho.

En fin, este artículo está dedicado a animarte a conocer a la gran escritora Roxane Gay; entre los libros que ha escrito, se encuentra Confesiones de una mala feminista que es sin duda, uno de los que elegí. (Ahora quiero ir a buscar su libro titulado “Hambre”).

Antes de adquirir su libro, ya conocía un poco de ella por su participación en la plataforma de TED TALKS, en donde advierte que gracias a su ensayo sobre ser una mala feminista y luego de escribir el libro, la prensa la empezó a llamar “la mala feminista”.

Roxane comparte que cuando estaba en los 20, la palabra feminista estaba siempre acompañada de adjetivos negativos: se generalizaba que las feministas están enojadas con los hombres, son peludas y detestan el sexo. Roxane dice:

Ser etiquetada como feminista era una acusación, una palabra tabú y desagradable. Me etiquetaron como una mujer que no sigue las reglas, que pide demasiado, con alta autoestima y se atreve a creer que es igual o superior a un hombre. Nadie quiere ser esa mujer rebelde, hasta que se da cuenta de que en realidad es esa mujer y no puede imaginarse ser otra persona. 

Roxane Gay

Gay en realidad comenta que le cuesta trabajo asumirse y nombrarse con la etiqueta de “feminista”, porque pudiera hacer quedar mal a las “buenas feministas”. Acá te comparto el mensaje que está disponible en 32 idiomas, que, aunque no suple la lectura del libro, te dejará con ganas de comprarlo:

Como su nombre lo dice, el libro de Roxane, te presenta algunas confesiones íntimas (con las que se te hará un nudo en la garganta), reflexiones sobre su labor como profesora y también sobre la perspectiva interseccional al adentrarse en libros, series y películas.

Creo que cuando eres o te asumes feminista parece ser que siempre tienes algo que contraargumentar, que tienes que tomar aire para enumerar las asignaturas pendientes. Y ciertamente eso pasa con el feminismo, las gafas moradas se adhieren a nuestro outfit. Por ello, parece que nunca estamos relajadas, y tampoco nos tomamos a la ligera ni siquiera los chistes.

Y precisamente porque podemos asumirnos feministas, lectoras de Marcela Lagarde, pero también somos quienes abrimos la pista con alguna canción misógina de reggaetón, Roxane en su libro nos dice que eso pasa, es parte de las contradicciones de ser humanas. Y nuestro gusto musical no nos hace menos feministas, ni tampoco malas feministas.

Como todo en el mantenimiento del orden social, queremos que el concepto de ser feminista esté dentro de una caja, con unos límites que puedan aseverar que sí perteneces a ese cajón. Y la realidad es que, por ejemplo, el acto de no depilarse no es sinónimo de ser feminista, como tampoco la acción contraria. O, que aunque parezca contradictorio el que una feminista ame el color rosa, ame las princesas, use maquillaje y uñas de gelish, no lo es.

Estas características pueden o no estar en esa caja del feminismo, pero son las mujeres en su individualidad, desde su experiencia de vida, raza, religión, contexto general o situación socioeconómica, quienes podrán o no verse identificadas con dichos atributos.

Y ojalá fuera tan fácil como cuando le cambias la ropa a una Barbie, pero estos atributos están acompañados también con nuestros gustos, anhelos, sueños y la forma de entender el mundo. Por eso Roxane lo deja claro: ella puede que disfrute de música que claramente es violenta, pero este hecho no la define como mala feminista, pese a que en el imaginario colectivo se pensaría que si es feminista debería de escuchar otro tipo de música.

Estamos llenas de contradicciones, por ejemplo, a veces tengo semanas en las que no uso una gota de maquillaje por distintas razones, pero la principal es para dejar a mis poros libres de “sombra aquí, sombra allá” por un rato. Sin embargo, me alegra sacar mi estuche de maquillaje y probar nuevas combinaciones de sombras para mis ojos con la primera intención de una posible salida, una conferencia vía zoom, o hasta para salir al súper.

Así como las etiquetas que se nos han impuesto a las mujeres por décadas (ser pacientes, comprensivas, alegres, piadosas, sumisas…), el feminismo también ha sido etiquetado. Le han puesto características para limitar nuevamente a las mujeres.

Por ello, te invito a que no pierdas tiempo en el deber ser de una feminista. Explora, conócete y permítete ser una mala feminista . Las contradicciones son gratis. Y como diría Roxane: “el mal feminismo, o más bien, un feminismo más inclusivo, es el punto de partida”.