La palabra vejez es un vocablo con el que nos cuesta trabajo relacionarnos, desde el punto de vista personal tal vez porque no queremos pensar en que de una u otra forma el paso del tiempo nos conduce hasta ella, o incluso al despersonalizarnos de esa noción, también el asimilar que algunas de las personas a las que amamos están envejeciendo, nos resulta difícil de aceptar.

El uso de la palabra anciana o anciano se emplea a veces en un contexto despectivo en lugar de ser concebido con ese valor absoluto que refiere al conocimiento y experiencia ganados con los años.

Vejez Photo by Ron Lach on Pexels.com

Nos aterra volvernos ancianos y a la vez nos distanciamos de nuestros ancianos porque no queremos enfrentar esa proyección personal que nos da pavor; y es que también es cierto que los años cuando se acumulan se vuelven más pesados, entre los achaques y los inconvenientes delante de la situación económica tan apremiante en todas edades, pero particularmente en la edad avanzada cuando no se han tomado las previsiones adecuadas.

No, la verdad es que a nadie le gusta la idea de volverse “viejo”, palabra que usamos para referirnos a los objetos que se han vuelto menos útiles, obsoletos y que muchas veces estamos dispuestos a desechar.

¿Te gustaría crecer en edad en lugar de envejecer?

Parece un juego de palabras, pero la traducción literal del mismo concepto en inglés: crecer en edad (growing old), me parece mucho más atractiva que la de “hacerse viejo” ¿o no? Suena retador, importante y muy significativo, he allí el arte semántico de concederle una nueva dimensión al mismo concepto con otras palabras.

Trabajar desde donde nos encontramos para transformar esa visión de envejecer hacia un nuevo estado de madurecer es la propuesta que te hacemos el día de hoy.

Se ha desarrollado como un concepto que alude a las personas que se encuentran entre los 40 y 65 años, que se consideran dentro de la mediana edad, y que por las experiencias de vida a través de sus décadas caracterizadas por cambios muy representativos, desechan la idea de envejecer porque desde su perspectiva existen muchas cosas aún por hacer. A esa etapa de vida hoy se le denomina como madurescencia.

El lujo del madurescente es reconocer el valor de sus años en experiencia, sin demeritar sus posibilidades de iniciar nuevos proyectos, lo cual nos promete muchas más recompensas en el camino que esa imagen deteriorada que estamos acostumbrados a reconocer respecto de la vejez.

El madurescente emprende, se abre a los nuevos conceptos y dinámicas de cambio, incluso reclama el lugar que su nueva perspectiva de vida debería tener en la sociedad. El madurescente no tiene tiempo para envejecer porque tiene el alma joven.

Madurescencia Photo by Yan Krukov on Pexels.com

Construyendo una nueva acepción de la vejez

Con motivo del día de la anciana y anciano, del adulto mayor o bien, de los abuelos, que se conmemora el 28 de agosto en nuestro país, nos resulta de gran importancia el impulsar la construcción de una nueva visión de la vejez, más alineada con el crecimiento en la edad que con la menos atractiva idea de acercarnos al retiro y en última instancia al final del camino.

Para hacerle frente a nuestros temores no hay nada mejor que sentarnos a conversar con ellos. La conversación puede dar comienzo en nuestro interior y luego trasladarse a otros espacios para buscar enriquecerla precisamente con la voz de la experiencia.

Te invito a platicar con alguna persona anciana que se encuentre cerca de ti, escúchala activamente, no será difícil que se anime a platicarte de su pasado, tal vez le cueste un poco más hacerlo de su presente, pero mientras lo haces no olvides llevar contigo esa poderosa herramienta de la empatía, porque sólo así estarás en posibilidad de aprender de este intercambio.

Tal vez confirmes algunos de tus temores, sin embargo, el ejercicio no pretende reafirmarlos, sino construir una nueva noción desde ellos. Lo que es un hecho, es que todos, si tenemos suerte, llegaremos hasta ese estado de edad avanzada o vejez, pero asumir nuestra madurescencia como un estado de crecimiento contribuirá de modo significativo a cambiar la forma en que recorramos el camino.

También es muy probable que dentro de tu círculo identifiques a algún madurescente, o incluso te sorprendas reconociéndote como uno de ellos. Realiza el ejercicio conversando con esta persona y contágiate de su visión, llénate de ideas positivas y comienza a fluir creciendo en edad en lugar de repeler a la vejez.

Acércate a tus ancianos

Visítalos, convive con ellos y celebra en vida la plenitud de su existencia. Es cierto que en estas épocas debemos ser muy precavidos, pues la vulnerabilidad de nuestros ancianos delante de la situación pandémica que experimentamos se eleva exponencialmente, pero es precisamente por ésto que debemos acercarnos a ellos con las debidas consideraciones.

El contacto presencial es indudablemente el mejor, extrema las precauciones cuando planees realizar una visita a tus queridos ancianos. Aprovecha y valora el tiempo que pases con ellos, alégrales el día, háblales de lo positivo y olvídate de darle vueltas al mismo tema de incertidumbre delante de estos nuevos tiempos que enfrentamos.

Escucha sus historias de juventud, a todos nos halaga el ser escuchados con atención por otros, pero en este caso y sin importar cuántas veces hayas oído antes esa anécdota, para ellos se hará una gran diferencia. También puedes invertir los papeles, aprovecha para contarles de ti o leerles un libro.

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Y ¿por qué no le pides la receta que siempre habías querido aprender a cocinar? La cocina es un espacio lleno de calidez en todos los sentidos, preparar esa receta en conjunto les brindará a ambas partes un ejercicio de convivencia perfecta.

Si las visitas no son posibles, incrementa la frecuencia de tu contacto vía remota, una llamada telefónica, con suerte una videollamada si tus ancianos se acercan al uso de las nuevas tecnologías, les animará también. Tómate el tiempo para que la frecuencia y constancia sean mayores.

Aceptarnos de cara a todos los cambios que debemos enfrentar es sin duda la mejor decisión que podemos tomar, mirarnos en el espejo del futuro delante de los tiernos rostros de nuestros viejitos marcados con tantas arrugas de sabiduría, nos ayudará a acariciar nuestras arrugas con más cariño.

Seamos madurescentes de cabello blanco o teñido, disfrutando o preparando nuestro retiro al retomar los viejos proyectos o hasta los nuevos sueños. Convivamos con los ancianos madurescentes o no madurescentes armándonos de tolerancia cada vez que nos acerquemos a ellos.

Aprendamos a ser tolerantes con nosotros mismos, con nuestros achaques y arrugas, al mismo tiempo que somos menos permisivos con las indulgencias que nos concedíamos antes porque hoy afectan nuestra salud.

Cuidemos de nuestro cuerpo, mente y sueños madurescentes para dignificar la palabra anciana y anciano otra vez, no importa la edad sino que seamos siempre jóvenes de corazón.

Te invito a conocer mis obras