Las decisiones más difíciles que he tomado en la vida, han estado asociadas a la condición de ser mujer y han tenido un peso mayor particularmente debido a los prejuicios sembrados en la sociedad en contra de las mujeres.

Photo by Masha Raymers on Pexels.com

Nuestra conducta y elecciones son juzgadas con una tendencia desfavorable y la connotación negativa de una crítica que hemos ido arrastrando por generaciones: ¿Para qué estudias si al final te vas a casar?

¡Cásate o te vas a convertir en una»solterona»! Y si ya te casaste ¿qué esperas para tener hijos? O¿no puedes tener hijos? Luego, cuando tomas la decisión de quedarte en casa para cuidar de tus hijos, con todo el trabajo que aquello implica, alguien te preguntará ¿entonces no te estás dedicando a nada?

Finalmente te decides a retomar la carrera, porque hace falta dinerito para completar los gastos, o porque el acuerdo de divorcio te perjudicó (lo cual casi nunca pasa, ¿o sí?) y entonces te conviertes en una madre desobligada con los hijos, porque los tienes muy descuidados y abandonados, mientras tú ruegas para que las 18 horas del día en que te mantienes con los ojos abiertos te alcancen para hacer más.

Cuando consigues una promoción, habrá quienes digan que no te lo merecías, que seguramente «te metiste» con alguno de los de arriba y solo por eso ascendiste.

En el matrimonio, la que aguanta la infidelidad, los golpes o la violencia, es automáticamente considerada como una estúpida, sin importar el temor, circunstancias o la falta de recursos que le mantienen confinada dentro de un hogar que se ha convertido en su propia cárcel.

Por otro lado, la que es infiel o abandona el hogar, no deja de ser una infeliz y mala madre, por dejar de actuar bajo el yugo de una sociedad que condena casi todos los actos que realiza una mujer, en una escala totalmente distinta a la que utiliza para juzgar a los actos que realiza un hombre.

Ellas juzgan, ustedes juzgan, tú juzgas, yo me juzgo

Aparentemente siempre recibirás algún juicio, de la sociedad o de las mujeres que están dentro de tu círculo de influencia, y si es de tu madre, aunque finjas que ya no te importa cumplir sus expectativas, siempre tendrá un impacto suficiente como para permitirte los cinco minutos de drama del día, antes de rectificar las actividades que seguramente te indicó no estabas haciendo correctamente.

Si hasta este punto te has sentido identificada en cualquiera de las situaciones mencionadas o similares en tu vida, al haber sido juzgada o etiquetada con alguna de estas sentencias, también sería importante el admitir que en algún momento has sido tú quien emitió algún juicio así en contra de otra mujer o incluso de ti misma.

Photo by cottonbro on Pexels.com

Y es que en medio de todos estos dramas cotidianos en los que tenemos que embarcarnos a diario como mujeres, siempre me viene a la cabeza el pensamiento recurrente de que también somos nosotras en quienes recae inevitablemente el peso de la educación de los hijos, sea por tratarse de un estigma o por falta de opciones; y si esto es correcto ¿por qué aún no hemos podido eliminar el peso de los prejuicios en contra de las mujeres?

Somos hijas y madres, hemos sido juzgadas en ambos papeles, pero no cambiamos el patrón, seguimos juzgando en nuestras hijas y madres, los prejuicios que aprendimos y hemos aprehendido con el paso de los años.

Entre amigas hemos discutido haciendo críticas personales o de terceras personas basadas en los prejuicios heredados que pocas veces nos cuestionamos. Hacemos juicios aun sin expresarlos, tal vez para no calentar más los ánimos o engancharnos en la controversia, no obstante, juzgando desde el silencio.

Photo by Karolina Grabowska on Pexels.com

Será que seguimos siendo víctimas, no sólo de la discriminación sino de la resistencia al cambio y nos negamos a aceptar un mundo en el que exista la igualdad de condiciones, porque seguimos abrazando los prejuicios al transmitirlos a nuestros hijos con la educación que les damos y es mucho más difícil desaprenderlos que asimilar las nuevas bases de una sociedad que ofrezca condiciones de equidad no sólo a las mujeres, sino a cualquier género.

¿Cuál es el antídoto contra los prejuicios?

Tenemos una voz profunda, muy fuerte y somos capaces de cambiar el discurso a través de una valiosa herramienta: la empatía. Que también podríamos considerar como un antídoto si pensamos que los prejuicios no son más que una enfermedad de la sociedad, que se contagia en la medida que continuemos replicando, perpetuando y educando con los mismos patrones equivocados.

La misma historia escuchada desde la empatía se vuelve otra, porque en lugar de criticar el actuar de los demás, nos volvemos actores de su historia y solo así podremos transitar por las sensaciones que les acompañaron en determinada situación, logrando así entender sus razones.

Photo by Liza Summer on Pexels.com

Lo mejor de todo es que al hacer uso de nuestras habilidades para construir una escucha empática nos quitamos de encima el terrible peso de los juicios, permitiendo así desempolvar nuestra humanidad y ofrecerla en forma de apoyo en lugar de sentencia.

Con ello contribuimos también a una forma sana de relacionarnos no solo con la sociedad, sino con las personas que se encuentran más cerca de nosotros.

¿Cómo desarrollar la empatía?

Para desarrollar nuestra empatía debemos de abrirnos a la aceptación de la verdad de los demás y respetarla. Mirar desde adentro del corazón para conectar con lo que el otro siente, asimilándolo desde su referente y haciéndolo nuestro. Establecer un código de comunicación empático, en el que el lenguaje en común es una conversación sin juicios.

En un artículo publicado por Theresa Wiseman hace más de dos décadas, la autora ahonda en la definición y atributos con los que se debe contemplar a la empatía:

  • Tomar la perspectiva de la otra persona
  • Evitar hacer juicios
  • Reconocer la emoción de las otras personas
  • La habilidad para poder comunicar el entendimiento de esa emoción

Brené Brown, académica y autora estadounidense especialista en la materia, se vale de estos elementos como marco de referencia en la animación que te compartimos a continuación, para entender de modo ilustrativo el concepto y características de la empatía.

La empatía es una elección, afirma Brown, una elección que apuesta a la vulnerabilidad pues con el fin de brindar nuestra empatía a otros, deberemos ejercitar nuestra vulnerabilidad al basarnos en experiencias personales que nos permitirán acercarnos a sus sentimientos.

Una frase de empatía nunca irá con un «Al menos» por delante, según se aprecia en la animación, ya que no se trata ni siquiera de dar ánimo, lo que muchas veces se confunde con brindar empatía, sino de dimensionar desde la misma perspectiva que el otro habita su verdad, tratando de sentir lo que siente para hacerle entender que lo acompañamos sin emitir ningún juicio.

Lo que hace las cosas mejores es la conexión

Así concluye la animación, enfatizando que las respuestas muy pocas veces mejoran las cosas, mientras que la creación de un vínculo que nos acerca al entendimiento de las emociones del otro, podrá ir generando la nueva perspectiva que necesitamos para relacionarnos desde la empatía.

Así es como podemos cambiar la forma en que educamos a la sociedad y vemos el mundo, diluyendo los resentimientos que guardamos de las anteriores generaciones, para permitirnos propiciar un cambio más asequible de lo que imaginamos, porque se encuentra dentro de nosotras, en la medida que logremos transformar nuestra mirada con una óptica abierta al respeto por la equidad y diversidad en el género, y así la transmitamos de ahora en adelante.

Es cierto que desaprender es mucho más difícil que aprender, aunque lo importante hoy es hacernos responsables de nuestro criterio, si no queremos vivir sometidas a juicios derivados de prejuicios heredados, es un buen momento para replantear el legado de sororidad y humanidad que estamos construyendo a cada momento, cuidando las palabras y particularmente las acciones con las que contribuimos para sembrar una consciencia colectiva de empatía, el perfecto antídoto contra los prejuicios.

Te invito a conocer mis obras