Salir a marchar o autonombrarte feminista, no han sido decisiones tan sencillas. En mi caso, me llevó a pensar con quien o quienes comparto mi vida. Y es que en este mes de marzo, hemos visto un desfile de charlas, eventos, textos, que nos permiten seguir visibilizando las asimetrías que vivimos todos los días las mujeres. Pero no olvidemos lo más sencillo, ¿Dónde está nuestra red de apoyo?

Una de las palabras que seguramente has escuchado en este mes de marzo, es sororidad (conocida como la hermandad entre mujeres). Como lo ha advertido Marcela Lagarde, las mujeres tenemos una increíble capacidad de tejer y sostener las relaciones humanas. Las amorosas, de amistad, de crecimiento intelectual… Es por eso que quiero adentrarme a hablar sobre esa complicidad entre mujeres.

La poderosa amistad entre mujeres

La amistad se demuestran de muchas formas. Por ejemplo, mi amiga Diana, a quien suelo ver una vez al año porque vive en un país distinto al mío, no la quiero menos que a Carmen, con quien comparto clases cada semana. No hay calculadoras de la amistad en que podamos cuantificar ese cariño.

Tampoco el tiempo puede ser indicador de una amistad fuerte. El año pasado en un fin de semana dedicado a generar una agenda sobre género y diversidad, conocí a una psicóloga que vive en Tijuana, y pese a que compartimos únicamente un fin de semana, el clic fue instantáneo.

Gracias a las redes sociales hemos seguido un alto desarrollo en nuestra comunicación. Si lo comparo con alguna amiga que conozco desde hace años, pero que me deja plantada en el café, su antigüedad como amistad no será lo importante, sino la importancia que ambas le dimos a consolidar o no un lazo más fuerte.

Y justamente en los últimos años he notado una reflexión más sensible entre la amistad entre mujeres. Con ello, me gustaría traer una maravillosa frase de Margarita Pisano:

La Amistad, se construye con un pie en lo privado y el corazón, y el otro, en lo público-político del pensar… del pensar juntas. Con todo lo que esta dimensión conlleva de valores y de responsabilidades sociales y humanas.

Margarita Pisano

La alta complicidad de pensar juntas es muy potente, por ello en este mes creí importante decirles lo valiosas que son mis colegas, aquellas con quien he escrito artículos, o con quienes he pensado en una idea de libro; también con la que imaginé escribir canciones de rap feministas, aquellas con quien organicé una tertulia, con quienes trabajo en cabina, y con todas aquellas que han hecho equipo conmigo.

Te invito a hacer el siguiente ejercicio y te darás cuenta que tienes a tu lado muchas mujeres talentosas que confían en ti. Piensa en aquella amiga que se ha desvelado contigo por un proyecto escolar o laboral, o quien te ha acompañado por mensajes de audio ante alguna emergencia del corazón, de ansiedad o de depresión. Porque sí, la amistad entre mujeres es la oportunidad de ser transparente, de decir lo que piensas sin ser interrumpida o juzgada.

Además, con las propias historias de nuestras amigas, tenemos la oportunidad de ver más claro modelos de mujeres que defienden su palabra, que trabajan por conseguir sus sueños, que derriban obstáculos y que, pese a toda aquella vulnerabilidad, gozan de su propia vida. No hay mayor lección de feminismo que vivirlo de la mano de las amigas.

Sin duda podemos tener días en los que necesitemos que nuestros referentes más cercanos nos impulsen a cambiar de trabajo, a poner límites en una relación, a priorizarnos en nuestras responsabilidades, a cuidarnos entre nosotras.

Porque ciertamente nos queremos comer el mundo con todo aquello que queremos cambiar en el hogar, en las instituciones, en el trabajo, en los cuidados, etc.; pero qué mejor que llegar descansadas y con la mente despejada para planificar en congruencia con lo que queremos.

Me gusta pensar en la posibilidad de ver a más mujeres gozar de su libertad, de su sexualidad, de sentirse orgullosas de lo que son, de dedicar tiempo a sus talentos, y alejarnos de todo aquello que el patriarcado nos empuja a hacer: a criticar, rechazar, burlar…y hacernos menos.

Imagino un mundo sin prejuicios, con amistades entre mujeres más fuertes y acompañadas, con la posibilidad de generar lazos que cambien nuestro acontecer privado, y seamos semilleras de complicidades políticas para pensar juntas.