Los aromas de cada ingrediente conocido por nuestro olfato son parte de nuestra vida y de nuestros recuerdos, porque bien alojados en la mente a partir de ser detectados por nuestro sentido olfativo son capaces de hacernos viajar en el tiempo en cuestión de instantes.

La Navidad es una época particularmente llena de ingredientes con aromas y sabores característicos, que además, por ser parte de una tradición se vuelven repetitivos. En México, la mezcla de la canela con las frutas típicas como el tejocote, caña, guayaba y pulpa de tamarindo, desprenden una combinación que nos conecta con todas las Navidades en las que hemos bebido ponche de frutas, y sin importar la receta o proporciones, la mezcla de ingredientes provoca un resultado sumamente específico: el sabor de la nostalgia.

Me gusta valerme de las metáforas en la narrativa para simplificar los conceptos, en particular aquellos que vienen de la cocina y se traducen en experiencias de vida.

Derivado de esta idea publiqué mi primer trabajo de no ficción: «Una receta práctica para sentirse feliz». Obra en la que utilizo precisamente metáforas de recetas prácticas de cocina, comparadas con los sentimientos y sensaciones que algunos ingredientes nos provocan en nuestra vida.

¿Cuál es tu platillo favorito en la Navidad?

Dependiendo del país en donde vivas, tal vez me respondas alguno de los siguientes:

  • Bacalao con tortitas de camarón
  • Romeritos con mole
  • Pavo, pierna o pernil de cerdo al horno
  • Lechón
  • Asado
  • La hallaca
  • Tamales
  • Empanadas o croquetas
  • Puré de manzana o camote
  • Ensalada navideña de manzana
  • Ensalada de gallina
  • Pan de jamón
  • Buñuelos
  • Tronco navideño

Sin importar cuál sea tu respuesta, sé que para prepararlos tienes una receta muy específica (tal vez uno de los secretos mejor guardados en la familia), y de acuerdo a tu experiencia es probable que te hayas permitido modificar alguna parte del procedimiento, o hasta cambiado algún ingrediente.

La experiencia que te llevó a hacerlo puede relacionarse con que a algún miembro de la familia le cae pesado, o que al modificarla te pareció que el sabor o resultado final mejoraba. También puede ser que no hayas cambiado un ápice en cuanto al puntual seguimiento de su preparación, sin tomar en cuenta alguna de las razones anteriores, porque simplemente se trata de una receta y crees que no puedes cambiarla.

Seguir una «receta de cocina» al pie de la letra no siempre garantiza el mismo resultado, incluso si dos personas diferentes la realizan, el producto final puede tener variaciones. Y es que todos hemos escuchado del sazón que caracteriza a cada cocinero, dándole un toque distintivo a sus preparaciones.

Si piensas que sólo estamos hablando de temas culinarios, ahora déjame utilizar el efecto metáfora para migrar hacia nuestras recetas e ingredientes de vida para la Navidad.

¿Cuál es tu receta favorita para la Navidad?

Las tradiciones y festividades nos invitan a replicar nuestras recetas de manera cíclica, las aceptamos y nos conectan con la sensación de pertenencia con nuestros núcleos familiares. Sin cuestionarlas, las seguimos preparando, sin retar al cambio o sin siquiera rectificar si en realidad nos gustan.

Estoy hablando de esas recetas de vida que representan fórmulas que a veces producen platillos que nos hacen daño al alma, pero que seguimos consumiendo porque no nos atrevemos a cambiar los ingredientes.

Porque pensamos que es muy difícil hacerlo, o porque nos sentimos obligados a hacer las cosas con una receta aunque no resulte funcional al aplicarse a nuestra experiencia de vida. Crecimos aprendiendo que era la forma «correcta» y no nos atrevemos a cuestionar si ese sabor nos gusta o hace bien.

Como ejemplo tomemos a la melancolía, que suele ser uno de los sabores más característicos de esta temporada, porque inevitablemente pensamos en aquello o aquellos que se fueron, una sensación que tiende a bajarnos las defensas emocionales y muy frecuentemente nos lleva hasta un estado de tristeza que nos encargamos de repetir cada Navidad.

Para variar podríamos tranformar esa sensación en recuerdos felices, refugiándonos en su valor más allá que en la pérdida que pueden representar para nosotros. Canjear el ingrediente de la melancolía o tristeza por el agradecimiento, puede producir un nuevo platillo que le provoque una mejor digestión a nuestros sentimientos.

Es importante darnos cuenta de lo que nos está pasando, entender cómo nos hacen sentir los elementos de nuestro entorno y entonces, igual que el chef se encarga meticulosamente de su mise en place al poner en sitio todos los ingredientes que necesitará para preparar una receta, cada uno de nosotros deberíamos ser lo suficientemente responsables para identificar cada uno de los ingredientes que estamos utilizando para preparar la receta de la Navidad y de cada día de nuestra vida.

Al hacerte consciente, te vuelves responsable de tus sentimientos

Sería difícil ver a una persona alérgica a las nueces, consumiéndolas a placer, a menos que quisiera provocarse daño a sí misma. Es una realidad el que al descubrir lo que nos hace daño, adquirimos conciencia de que no debemos consumirlo.

Puede parecer muy obvio, pero tal vez en este momento empieces a darte cuenta de que la repetición de un patrón negativo que ocurre todas las Navidades, podría estar alterando tu bienestar. Tanto porque tendemos a aferrarnos a recuerdos dolorosos o porque los elementos que se repiten, parecen ubicarnos en una situación que nos afecta de modo cíclico.

Es momento de dejar de consumir los ingredientes que te hacen daño y solo tú puedes identificarlos. Pueden responder a situaciones, repetición de patrones de conducta que realizas sin darte cuenta, o personas que resultan nocivas para ti.

Esta época también está ligada al fin de un ciclo, por lo que sería de fundamental importancia meditar un poco al respecto, para incluir dentro de la lista de propósitos del año que viene la resolución de eliminar aquellos ingredientes que hemos entendido que en lugar de ayudarnos a crear una deliciosa receta de vida, nos provocan un terrible malestar de emociones que sólo disminuyen nuestro sentimiento de felicidad.

Un excelente espacio para la reflexión, si te gusta entrar a la cocina, es el mundo de la repostería. Allí es donde particularmente encuentro un área para sumergirme en los ingredientes que al mezclarse se transforman en una masa perfecta de galletas de jengibre, por ejemplo para esta época, y que mientras se amasan, cortan y hornean desprendiendo un aroma tan peculiar, me brindan la paz que necesito para la reflexión, identificando la dosis y balance entre las emociones y sentimientos que flotan en el ambiente durante esta especial época del año.

Encuentra tu momento y espacio para hacer conciencia de los ingredientes que puedes empezar a cambiar en tu receta de vida para la Navidad, reescribe tu receta agregando, eliminando o modificando los ingredientes. Cámbiala toda si es necesario, imprime tu sazón en ella, equilibra las proporciones para hacerla lo más grata posible para ti.

Degusta tu receta de vida para la Navidad acompañada de las guarniciones que hayas elegido, tal vez por fin esa receta tendrá la impronta de tu muy peculiar forma de prepararla, con los ingredientes que sólo tú has decidido utilizar en ella, te aseguro que será el platillo más delicioso que jamás hayas probado.